La faba, es el ingrediente fundamental del recetario asturiano y por lo tanto el alimento más internacionalmente conocido. Es una judía seca de la variedad Granja Asturiana de vaina lisa y de perfil alargado; grano oblongo, largo y aplanado. Su grano, una vez cocinado, se presenta entero, con piel lisa, albumen blando, mantecoso y poco o nada harinoso, y el Consejo Regulador de la Identificación Geográfica Protegida (IGP)  Faba Asturiana, con base en Grado, se crea para la defensa del producto que ampara y de los agricultores y empresas envasadoras que lo comercializan, así como para afianzar y asegurar a corto y largo plazo la producción y la rentabilidad económica de la misma, y que ya está certificando la campaña 2020-21, que se corresponde con las fabas sembradas el año pasado y que concluirá el próximo 31 de marzo de 2022, con los resultados muy determinantes: ya se han certificado y se han puesto en el mercado más de 71.000 kilos. En la actualidad, el número de productores inscritos a la marca de garantía se posiciona en 147, que siembran unas 185 hectáreas de terreno. Este dato supone un 50 por ciento más que hace 10 años.

El cultivo de la faba en nuestra región, parte de nuestra cultura, se ha profesionalizado y rejuvenecido pero sin perder el carácter tradicional y el aura familiar. Estamos ante un sector que aún tiene margen de crecimiento por la alta demanda existente y que ha dejado de ser una producción secundaria para hacer de esta legumbre la principal y, en muchos de los casos, única línea de negocio. Los nuevos productores mecanizan el manejo y potencian la parte comercial con la creación de marcas propias que aumentan la diferenciación que supone el sello IGP en el mercado. Alfonso Vergara Suárez es natural de Belmonte de Miranda. En el núcleo de Menes tiene una plantación de 3.000 metros adscrita al sello de garantía cuya producción comercializa con su propia marca, Finca Vergara desde 2014. “Al estar en la IGP le das al consumidor una garantía de que está comprando producto de aquí. Totalmente diferente a la compra a granel, que no saben con seguridad de dónde es la faba que están pagando como faba de la región”. El futuro, a pesar de la creciente demanda “está complicado. Hay que pelear mucho con la faba de afuera con un precio muy bajo pero con optimismo porque al final el cliente está demostrado que se termina decantando por una faba de calidad por lo que la producción de Faba Asturiana tiene salida”.

Vergara comenzó en el cultivo de esta legumbre por tradición familiar. Empezó en 2009 con 500 metros, que con los años llegaron hasta los 6.000. “Este año me quedé solo con unos 3.000 metros porque las lluvias de junio provocaron que en una de las parcelas no nacieran prácticamente las fabas, y las que salieron lo hicieron con alguna enfermedad”. No se amedrenta. Es un complemento a la renta. Trabaja por cuenta ajena y “como me gusta y el trabajo me deja tiempo libre me decidí a plantarla y ahí sigo”.

El pasado 31 de marzo se dio por cerrada la campaña 2019-20, con un total de casi 110.000 kilos certificados de faba asturiana IGP. Un dato muy positivo, pues supone un 12 por ciento más que en la cosecha anterior y el 378 por ciento más que en la temporada 1994-95. “A día de hoy no certifico todo la producción. Vendo faba fresca, verde, bajo pedido, y no está contemplada en la IGP aunque ya se habla de incorporarla. No es mucha la cantidad que vendo, empecé a trabajarla hace dos años, pero va saliendo”.

La técnica: en seco, “aguanto las vainas en la tierra el mayor tiempo posible”. Las corta de raíz y “las dejo allí para que sequen unos días más. Luego, ya pasan como mes o mes y medio en el secadero, hasta poder mallarlas y de ahí a seleccionar”. En tierra: el entutorado con varilla de 12 milímetros. “Tengo un marco de plantación con 2,50 metros entre líneas para poder trabajar con el tractor. De la que empecé tenía menos separación entre las calles y tenía que hacerlo a mano todo, y era más laborioso. Ahora, aunque hay épocas de mucho trabajo, es más llevadero al poder trabajar con maquinaria”.