Texto: Miguel García Granda

La vega de Soñín es un singular paraje del concejo de Onís. Situado a tan solo media hora a pie de los lagos de Covadonga, sorprende el contraste de los verdes pastos con el gris de la caliza característica de Picos de Europa. El tintineo de los cencerros y los ladridos de los mastines nos advierten de que estamos entrando en una zona eminentemente ganadera. Casi al final de la pista de grava que nos lleva a Soñín, encontramos dos cabañas de piedra. En una de ellas está Nel Cañedo, uno de los pastores más mediáticos en redes sociales, a quien encontramos ordeñando sus vacas. “Soy de Cenero, una parroquia rural del concejo de Gijón. Soy licenciado en Historia, estudié la mitad de la carrera en Oviedo y la otra mitad en Vitoria. Cuando acabé, no tenía gana de seguir estudiando porque no había ningún máster que me llamase la atención”, explica el gijonés afincado en Bobia. Pese a que su formación le tenía destinado trabajar en un aula o en una oficina, hace unos años, Cañedo decidió darle un golpe de timón a su vida gracias al consejo de un amigo. “Me habló de la escuela de pastores que había en Picos de Europa. Como no tenía nada que hacer por el verano, decidí apuntarme. Antes de decidirme, estuve trabajando unos meses en una gestoría como secretario, preparando documentos sobre subvenciones al ganado. Me di cuenta de que estar ocho o diez horas en un despacho no era para mí, así que me vine para aquí”, añade. Acerca de sus comienzos y su etapa formativa en la desaparecida escuela de pastores, Cañedo detalla que “empecé con Cándido Asprón, un pastor que ya no sube al puerto, pero que fue quien me enseñó. Estuve aprendiendo un año y, después, me contrató y estuve dos años trabajando para él”. Sobre Asprón, el pastor subraya que “me ayudó en todo lo que necesitaba. Me trató como a un hijo y aprendí a hacer queso con él en la quesería de Belbín. Él y toda su familia me acogieron muy bien, al igual otros pastores de la zona, como los Remis, de Sirviella o la gente de Gamonéu”. En cuanto a la escuela de pastores y su falta de continuidad, Cañedo apunta que “tenía el problema de que no disponía de una infraestructura, como sí ocurre con otras escuelas en el País Vasco o en Cataluña, que tienen edificios para alojar a los pastores en formación. Además, la escuela de Picos dependía mucho de los pastores de la zona. La formación consistía en unas pequeñas clases teóricas, pero la práctica era lo más importante. Nos ponían durante todo el verano con un pastor tutor, pero ya dependías de que éste tuviera un sitio para alojarte en el puerto y de disponer de un medio de movilidad para ir a comprar y demás, porque el pastor no puede encargarse de tu manutención”. Tras terminar su período formativo y trabajar con Asprón, Nel Cañedo decidió comprar ganado y ponerse por su cuenta. “A base de dar morradas fui aprendiendo el oficio, pero es necesario ser tan necio como yo, que lo soy más que una piedra. Alguien que no tenga esa constancia se rinde antes”, remarca. Tras empezar con dos vacas y cuatro cabras, el pastor fue ampliando su cabaña poco a poco. “Ahora tengo cuatro vacas, 60 cabras y 20 ovejas. Prefiero ir despacio y no coger mucho de golpe porque, si empiezas con muchos animales, puede salir mal, contraer deudas y no saber de dónde sacar el dinero para pagarlas”, explica Cañedo, quien considera que “me doy por contento si puedo vender los cabritos para sacar lo que me gastan las cabras. Con eso estoy conforme. En cuanto a los beneficios que pueda tener, los obtengo de la leche. Hoy en día, vivir solo de la reciella es imposible. Da mucho trabajo y la leche es muy esclava”.

Elaboración de Gamonéu

Uno de los objetivos de Nel Cañedo es construir su propia quesería en la vega de Soñín. “Estoy pendiente de ampliar la cabaña para poder hacerlo. Ya me dieron los permisos y espero ponerme este otoño con ello. Si todo sale bien, el año que viene estaré elaborando Gamonéu del Puertu y podré presentarme a los concursos”, añade. Para el pastor, “si tienes el ganado menor cerrado en una nave en intensivo, el gasto es exagerado. Si, como yo, tienes las cabras y las ovejas en extensivo por el monte, producen poco y tienes que estar todo el día encima de ellas. Además, producir mucho queso da mucho trabajo y no puedes estar con los animales”. Respecto a su jornada laboral y el trabajo que requiere hacer el queso, Cañedo detalla que “durante el verano hacemos la producción para vivir el resto del año. Me levanto sobre las seis y media de la mañana, tomo un café, leo el periódico y salgo para las siete a mecer cabras, ovejas y vacas. Suelo acabar de ordeñar para las diez. A partir de esa hora, me pongo a hacer las tareas del queso. Siempre hay algo que hacer, bien sea buscar un animal que se haya perdido, bien picar leña o limpiar algún corral. Siempre hay tareas hasta el mediodía”, añade. Por la tarde, vuelve repetir las mismas labores con una dificultad añadida. “Sobre las cinco, vuelvo a ordeñar hasta las diez de la noche. Por la tarde hay que ir a buscarlos y eso hace que tardes más. Además, hay días que está nublado y es más difícil encontrar los animales”, explica.

Ataques de lobos

Uno de los problemas más acuciantes de los pastores y ganaderos de la zona son los continuos ataques de los cánidos. Según Cañedo, “el año pasado perdí una cabra, de la que no encontré nada y otra que mataron a 200 metros de mí y de los perros a las cinco de la tarde. De ovejas, perdí una docena en Gamonéu. Además, me desaparecieron varios cabritos”. Respecto al cobro de daños, el pastor explica que “personalmente, yo nunca pedí que me paguen los daños. Habrá gente que diga que soy tonto y tendrán razón pero, como no estoy de acuerdo con el sistema de indemnizaciones, que son limosnas que no me valen para nada, prefiero no reclamar”. En ese aspecto, Cañedo apunta que “habrá quien diga que no puedo perder ese derecho o que no avanzamos porque no cuenta en los censos de daños y tendrán razón pero, como soy una persona coherente, no puedo estar todos los días protestando contra ese sistema y luego aceptar las indemnizaciones. Además, que me den 100 euros por una cabra que iba a estar dándome leche siete años, más los cabritos que pueda vender y las cabritas que deje para el rebaño, considero que no me arregla nada. Pagan el animal, pero no el trabajo, la producción y la carga genética que lleva”, resume. En cuanto a soluciones para evitar que los depredadores se ceben con la cabaña ganadera, el pastor explica que “el lobo que haga daño, se tiene que quitar. No digo que se exterminen, que es lo que se hacía en los años 50, cuando se juntaban todos los vecinos para matarlos. Esto es controlar. Hay un depredador que necesita comer a menudo y lo más fácil que tiene es el ganado”. Para Cañedo, “hay manadas de lobos que sobreviven perfectamente matado jabalíes, rebecos o corzos y demás fauna silvestre. A esos no hace falta tocarlos. Ahora, yo tengo tanto derecho a estar aquí como el lobo. Pues, el lobo que mate una cabra, se quita porque, aparte, es la única manera de que no se extinga”. En ese sentido, el pastor destaca que “tarde o temprano, esto va a reventar. Muchos pastores venderán los animales y se dedicarán a otra cosa pero, otros, por necedad y cabezonería, empezarán a cebar el monte. Empezarán a aparecer pájaros y raposos muertos por las cunetas. Se acabará la ganadería, los lobos y todo lo demás”. Respecto al Plan de Gestión del Lobo y su inclusión en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre), Nel Cañedo aprovecha para mandar un mensaje a los colectivos y asociaciones de ganaderos. “Los sindicatos y asociaciones se están equivocando con el tema del lobo y están jugando a lo que quiere la Administración. Llevan 30 años protestando (y con razón) contra el Plan de Gestión, que no funciona. Pues, ahora, que al Gobierno se le ocurre meter al lobo dentro del Lespre, en vez de seguir protestando, piden que se vuelva al plan anterior. Les están dando la razón a los que quieren que el lobo esté protegido”, señala.

Celebridad en redes sociales

Si por algo es conocido Nel Cañedo, es por los vídeos que sube a plataformas como Facebook, donde da a conocer los problemas a los que se enfrentan los pastores de Picos de Europa. “Se me ocurrió en esta misma cabaña. Colgué un vídeo con el vecino y gustó. Poco a poco, fueron creciendo los seguidores. Una vez, puse uno un poco más reivindicativo y me di cuenta de que la gente, además de reírse, comentaban que les estaba pasando lo mismo”. Para Cañedo, “además de hacer un poco de comedia, me di cuenta de que estos vídeos pueden servir para que la gente de las ciudades conozca los problemas que tenemos en los pueblos. Tenemos una desconexión terrible de los pueblos con las ciudades. Hay mucha gente que está a favor de la protección del lobo no porque esté en contra del ganadero, ni por maldad, sino porque desconoce nuestra realidad”, añade.

Respecto a sus planes de futuro, Cañedo destaca que “soy padre desde hace un año y me gustaría que mi hija siguiera mis pasos pero veo el futuro muy jodido. Aun así, soy optimista. Si no, no estaría aquí”, comenta entre risas. Para el pastor, “como padre, quiero que mi hija sea feliz haciendo lo que más le guste”. Respecto a la vuelta de los jóvenes de las ciudades a los pueblos, Cañedo explica que “está de moda esa corriente que dice que serán los agricultores del futuro, pero pienso que, primero, tienen que apoyarnos a los que estamos aquí”.