La hostelería ha sido uno de los sectores más castigados por la crisis sanitaria. Muchos negocios familiares y con solera se han visto obligados a recortar personal o a bajar la persiana directamente a consecuencia de los cierres y las restricciones de movilidad. Pero, pese a los difíciles tiempos que corren para el ramo, hay hosteleros que siguen apostando por la cocina tradicional y la cercanía en el trato para seguir adelante con sus negocios. Es el caso de Manuel Ángel Menéndez, tercera generación al frente del bar restaurante La Casera, en Soto de la Barca.

Acerca de los inicios de toda una institución gastronómica en la zona, el hostelero detalla que “mis abuelos abrieron el bar en 1965. Tenían casa en los terrenos donde se luego construyó la térmica, por eso compraron la finca donde estamos actualmente. Mis padres tomaron el relevo. Mi madre era la que llevaba el peso del negocio porque mi padre trabajaba en la térmica. Luego, yo me hice cargo”.

En cuanto a la ubicación del restaurante, Manuel Ángel Menéndez detalla que “estamos al lado de la carretera general y nos visita mucha gente que viene o va a Cangas del Narcea, además de nuestros clientes de toda la vida”. Pero, pese a haberse criado tras la barra y entre los fogones, Menéndez se formó en otras disciplinas. “Estudié FP en Oviedo y empecé Ingeniería Técnica Minera en Mieres, pero no estaba muy centrado en los estudios. Me vine para aquí en 1993 y regento este negocio en exclusiva”, explica. Entre los servicios que podemos encontrar en el bar La Casera, su propietario destaca que “trabajamos el menú del día durante la semana y menú especial los fines de semana. Además, disponemos de una pequeña carta de tapas y platos combinados y organizamos comidas y cenas de empresa. Respecto a especialidades, Menéndez señala “el chosco de Tineo como el plato por excelencia, a parte de los potes. Hacemos desde pitu caleya hasta guisos, cabrito, ternera o lechazo y nuestros postres son caseros. Somos especialistas en cocina tradicional y artesana. Aquí se cocina como antiguamente”, añade. Aunque la cocina al estilo de antaño sea la protagonista, en La Casera están  abiertos a nuevos sabores. “También nos gusta innovar un poco”, señala Menéndez. Pero la actividad del restaurante no solo se ciñe a dar de comer, sino que sirve como foco de atracción y dinamismo en toda la zona con la organización de diferentes eventos.

“Aquí organizamos el Campeonato del Mundo del Chosco, cenas baile y hasta una feria anual de ganados”, detalla Menéndez quien desvela que “la feria empezó porque un amigo me dijo que no tenía el valor de hacerla y la organizamos en un mes”. Respecto a este tipo de eventos, el gerente de La Casera explica que “hay que reiventarse y hacer cosas nuevas. Es una forma de acercar a la gente hasta aquí”. A pesar del éxito y la afluencia de clientela, la llegada de la pandemia truncó los planes de Menéndez, quien espera retomarlos cuando la situación lo permita. “En febrero del año pasado teníamos cerrada una cena baile con la orquesta Tekila y el dúo Aroma, pero tuvimos que cancelarlo todo. Además, la primera vez que cerramos fue necesario hacer un ERTE a cinco empleados. Fue muy duro, pero parece que ahora vamos viendo la luz al final del túnel”, añade.

Pero, antes de que la covid-19 provocara el cierre obligado de la hostelería, hubo otro acontecimiento que afectó notablemente tanto al restaurante como a los negocios de la zona. “El cierre de la central térmica nos perjudicó bastante. Pasamos de dar 150 comidas a 15. Fue un palo muy gordo para nosotros”, explica Menéndez.

La cercanía en el trato marca la diferencia

Para el hostelero tinetense uno de los factores fundamentales que hacen que los clientes vuelvan es “la cercanía y el buen trato. Es lo que marca la diferencia, tanto para la gente de los pueblos, como de las ciudades. Tenemos mucha clientela que viene de paso, pero también gente mayor o personas que vienen solas y quieren que hables con ellas y hagas un poco de psicólogo sin título”, afirma. Respecto a la nueva situación tras el confinamiento, Menéndez destaca que “parece que ahora la gente viene con menos miedo y se van acostumbrando a reservar antes de venir”.

Aunque también tiene negocios en Oviedo y Gijón, Manuel Ángel Menéndez prefiere seguir viviendo en Soto de la Barca. “Me encuentro genial aquí. Soy más de pueblo que las amapolas”, señala el hostelero entre risas. Respecto a planes de futuro, Menéndez espera “retomar cuatro  o cinco actividades que funcionan y mueven gente, como la feria de ganado, el premio Embajador del Chosco, las jornadas del cachopo o las del cabrito”.