Por Miguel García Granda

Al tercer día de iniciarse la temporada de pesca del salmón, Rogelio Diego del Corro, de la localidad canguesa de Corao Castiello pudo echar a tierra el campanu del Sella en el coto La Remolina. El ejemplar, de 7,9 kilos y 88 centímetros de largo, es uno de los más grandes capturados en los últimos años y el de más envergadura de la temporada. El pescador, con 21 años de experiencia, relató cómo se las ingenió para echar a tierra la codiciada pieza. “Empecé a las siete y cuarto de la mañana. Dos horas más tarde, vi al salmón cebarse. Seguí insistiendo pero no picaba, así que decidí cambiar el cebo. Tenía una quisquilla de color naranja y la cambié por otra de color rojo. Entonces fue cuando picó la primera vez. Luego, dejó el cebo pero volvió a picar poco porque dio algo de guerra”, añadió.

Las condiciones climáticas hicieron que el campanu tardase dos días más de lo habitual. La lluvia y la consiguiente crecida del caudal del Sella fueron las causantes de que los ribereños se fuesen de vacío el 11 de abril. Según Rogelio Diego, “el domingo lo intenté en la zona libre de Caño durante todo el día, pero no hubo forma”. En cuanto a impresiones tras la hazaña, el pescador cangués destacó que “estoy contentísimo. Pescar el campanu es algo que pensaba que no iba a conseguir en la vida y ahora ya puedo hasta dejar de pescar. Tenía este reto en mente y ya puedo estar más tranquilo. Además, creo que nunca pesqué un salmón tan grande”. De cara a la próxima temporada, Rogelio Diego señaló que “yo ya me doy por satisfecho. Solo espero que, el año que viene, pueda sacar el campanu algún amigo”.

Rodeado de familiares y aficionados a la pesca que se congregaron bajo el Puente Romano, el agraciado recibió de manos de José Manuel González Castro, primer edil cangués, y de Antón Caldevilla, presidente de la asociación de pescadores El Esmerillón, un llavero personalizado, un galardón conmemorativo y un cheque de 2.500 euros. Ángel Lueje, encargado de presentar el evento, señaló que “este premio tiene que servir para que el campanu no se vea como un salmón más, sino como la pieza que todo pescador anhela conseguir, al menos, una vez en su vida. Las tradiciones hay que mantenerlas por encima de todo y la pesca es algo consustancial con nuestra comarca”. En ese sentido, Lueje destacó que “tenemos que mantener y promocionar ese tesoro que es la cultura ribereña, a la espera de tiempos mejores”. Por su parte, José Manuel González Castro felicitó a Rogelio Diego por la captura y apuntó que “seguiremos organizando y activando eventos como este poco a poco, a medida que la situación sanitaria vaya mejorando”. A su vez, el alcalde cangués esperó “poder celebrar la tradicional subasta el año que viene”.

Futuro incierto para la pesca del salmón

Respecto a la gestión del río y las crecientes restricciones para la pesca del salmón, Rogelio Diego explicó que “el futuro de la pesca lo vería bien si se gestionara de otra manera. Los que dicen que entienden del tema lo están haciendo muy mal. Solo saben prohibir y nos echan la culpa de que se extinga el salmón a los pescadores”. Para el cangués, “en el río se pesca en función de lo que llega.

Da igual que seamos mil, que cinco mil pescadores. Las capturas solo suponen un 5% de todos los salmones que suben. Es imposible acabar con el salmón pescando a caña porque viene a desovar y no a comer, como los reos y las truchas. El salmón no come en el río. Te coge el cebo porque lo molestas con él”, añadió.

Respecto a la promoción de la pesca sin muerte por parte de algunos colectivos, Rogelio Diego se mostró tajante. “Si solo dejan pescar sin muerte, el salmón se acaba primero porque las asociaciones, como El Esmerillón, en el Sella o Las Mestas, en el Narcea, dejarían de trabajar en las repoblaciones de los ríos. No tendría sentido hacerlo para que vengan cuatro señoritos a pescar sin muerte”, indicó.

En cuanto a consejos para pescadores en ciernes y aficionados, Diego apuntó que “la pesca te tiene que gustar mucho y, cuando esto ocurre, no reconoces que a otra gente no le pueda gustar. Me pasó con mi mujer y con mi hija, que de tantas veces que vinieron conmigo al río a pescar truchas, le acabaron cogiendo manía”.

La pieza que Rogelio Diego consiguió echar a tierra fue adquirida por la sidrería El Campanu de Gijón, regentada por José Manuel Mori “el Marqués”, otro ilustre ribereño, por 3.000 euros.