Por Adela Martínez Fernández y Rocío Rosa García
Área de Nutrición, Pastos y Forrajes del SERIDA

Los términos “biodiversidad” y “pastos” son palabras que nos suenan familiares y aderezan muchas conversaciones en torno a la ganadería, así que merecen unas líneas de análisis sobre su significado y cómo se relacionan. Según el Convenio sobre Diversidad Biológica, la Biodiversidad es “la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otros, los ecosistemas terrestres y marinos y otros sistemas acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte. Comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas”. Se incluyen todas las especies animales y vegetales, virus o bacterias, los espacios o ecosistemas que habitan, así como los genes que hacen a cada especie, y dentro de ellas a cada individuo, diferente del resto. Si tuviéramos que resumir el concepto de la biodiversidad con algunas palabras clave podrían ser: variabilidad
de espacios, especies y genes.

En el medio rural asturiano y sobre todo en el sector ganadero, los espacios están estrechamente asociados a los pastos. Pero ¿qué son los pastos? La Sociedad Española
de Pastos define como pasto “cualquier recurso vegetal que sirve de alimento al ganado, bien directamente (en pastoreo) o bien como forraje (parte vegetativa de las plantas una vez cosechada, en fresco o bien conservada como heno, ensilada, etc.)”. Por lo tanto, dentro de los pastos incluimos tanto las superficies herbáceas espontáneas como sembradas, los matorrales e incluso los bosques.

Los pastos de Asturias (arbóreos, arbustivos, herbáceos y agrícolas) ocupan en torno al 90% de la superficie regional total y son claves para garantizar, tanto la soberanía alimentaria de las explotaciones ganaderas, como el mosaico de usos y coberturas de suelo que aportan diversidad a los paisajes regionales. A su vez, cada tipo de pasto alberga comunidades de flora, fauna o bacterias características, incluyendo especies con valor alimenticio, medicinal, energético, capacidad de secuestro de carbono, etc. Dentro de las especies, nuestras variedades vegetales y razas ganaderas, fuentes de agrobiodiversidad, son un ejemplo de resiliencia de las culturas locales al medio a través de un patrimonio
genético adaptado a condiciones muy difíciles.

Sea cual sea el tipo de cubierta vegetal, una palabra clave para su conservación es precisamente la propia biodiversidad. Empezando por el ejército invisible y extraordinariamente complejo de bacterias y diminutos organismos que oxigenan y enriquecen los suelos, permitiendo que almacenen más carbono y se pueda asentar la biodiversidad más “visible”, la vegetación que forma parte de los pastos.

Asturias tiene condiciones ambientales y recursos naturales para potenciar su biodiversidad en general y la asociada a los pastos, forrajes y cultivos forrajeros en particular, si bien somos conscientes de las barreras socioeconómicas y estructurales vigentes. La investigación por sí misma no puede resolver muchos de estos desafíos, pero si poner en valor el papel de la biodiversidad, de la conservación de la vegetación y de los sistemas de producción, de manera que los productos que de ellos emanan, y los que los producen, obtengan el reconocimiento que merecen.

Desde el SERIDA exploramos el papel de la biodiversidad vegetal para ayudar a las explotaciones a ser más sostenibles pero también más competitivas. Estamos investigando el potencial de ciertas especies vegetales multifuncionales, como las leguminosas, que mejoran el valor nutricional y/o capacidad de ensilado/henificado, la calidad del suelo, proveen recursos para la fauna y contienen compuestos como los taninos que fortalecen la salud de los animales y contribuyen a reducir las emisiones derivadas de la fermentación ruminal, a la vez que son competitivas en situaciones de estrés hídrico. Investigamos la biodiversidad animal (polinizadores, la fauna coprófaga, etc.) en diferentes tipos de pastos y sistemas de manejo ganadero para avanzar en el reconocimiento de aquellos sistemas
productivos más sostenibles.

En el SERIDA apostamos también por la recuperación de variedades locales de algunas especies vegetales como por ejemplo el maíz, no sólo por el interés de la conservación de la biodiversidad, sino porque además son un recurso estratégico frente a un futuro impredecible. La recuperación de estas variedades nos ayudará a aumentar la diversidad genética disponible para mejorar la adaptación a zonas templado-húmedas y mayor resistencia frente a factores ambientales adversos. Nuestras variedades ancestrales asociadas a diferentes enclaves regionales poseen rusticidad para soportar condiciones climáticas a veces muy adversas, así como resistencia frente a condiciones de estrés, plagas y enfermedades, por lo que son un punto de interés para la producción agraria ecológica, tanto si su destino es la alimentación animal como humana. Además de explorar las cualidades productivas, nutricionales, ensilabilidad, etc. de estas variedades, queremos profundizar en su biodiversidad asociada frente a los sistemas más intensivos.

Estas líneas de investigación pretenden anticiparse y dar apoyo a las explotaciones en vista de la evolución de la normativa europea relacionada con los pastos y la biodiversidad. El apoyo a los manejos que promuevan la conservación de la biodiversidad, de los pastos y de los suelos es cada vez mayor por su papel clave para afrontar el cambio climático, desde la diversificación de los cultivos forrajeros a la conservación de los prados de siega. Estas prácticas beneficiosas para el clima y el medio ambiente serán apoyadas a través de varios ecoesquemas. Simultáneamente Europa promueve activamente un giro hacia la producción tanto de leche como de carne en base a pasto y los criterios de certificación incorporan ya en varios países lacomposición florística de los pastos como un elemento clave.