En las ciudades existe un tipo de cultura y en campo otra, parece una obviedad, y aunque cada vez más todo se globaliza con la información, no debemos entender que solo es cultura la académica. La cultura va más allá de los conocimientos intelectuales o tener hábitos y costumbres ligadas a la urbe. Cultura es también reconocer y respetar otros modos de vida, de tradiciones y de valores. La cinegética es un hecho natural en las zonas rurales, comprendida como herramienta de gestión y conservación. De hecho, uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el medio es al exceso de población de determinadas especies venatorias, como es por ejemplo el jabalí, y los cazadores, lejos de programas animalistas, no son capaces de regularla pese a entenderse su actividad de control y protección. Es tal el aumento de cabaña de estos verracos que ya se les puede ver pasear por la capital asturiana. Pues bien, en los últimos tiempos, el tejido social que vive y desarrolla sus actividades de ocio en el medio rural viene padeciendo un acoso sistemático por parte de diferentes organizaciones. La controversia a favor o en contra de la caza en las que redes sociales y medios de comunicación atizan  la imagen del cazador cuestionando sus competencias. “Si no hubiese cazadores, sería un descontrol no solo en la sobrepoblación sino en la transmisión de enfermedades a los animales”, destaca Daniel Gutiérrez Iglesias, Guti, perteneciente a la cuadrilla Puentevega -que a falta de contabilizar la última jornada de caza suman 61 jabalís abatidos- del coto de Pravia ‘Santa Ana’. Natural de Los Cabos, concejo de Pravia, afirma que a pesar de las estas dificultades “siempre hubo caza y siempre la habrá”.

“Pieza libre en campo libre hace al hombre libre”, decía el escritor y cazador Miguel Delibes. Y es que para quienes la practican, la caza no es sólo una afición, un deporte o una actividad que está siempre rodeada de polémica. Es una forma de entender el campo, de relacionarse con la naturaleza y de respeto a las presas. La caza en Asturias tiene mucha historia, especialmente en las zonas rurales. La peculiar orografía de nuestra tierra y una naturaleza generosa convierten nuestra región en un lugar privilegiado para su práctica. La afición que siente Guti por la caza mayor  no surgió por un vínculo familiar. Comenzó a los 13 años bajo el amparo de un amigo, Pedro el de Pronga. Desde entonces, no perdona jornada. “Yo creo que cazador se nace. Lo llevas dentro. Es algo inexplicable. Desde el primer día que fui a cazar no perdí cacería, dejé el futbol y otras aficiones”. Es tal su pasión que “el día que me casé fui de monte por la mañana”, ríe.

Relevo generacional

Su hijo mayor, Daniel, comparte afición con su padre. Tiene 12 años y comenzó a acompañarlo a los tres: “no me perdía paso. Venía caminando detrás de mi con los perros”.

La caza en familia es una de las mejores formas de perpetuar una actividad que siempre ha estado asociada al hombre, a su supervivencia y a sus raíces. En la actualidad, el relevo generacional está más que asegurado con la terna de jóvenes cazadores que han bebido de la caza de sus mayores. “Lo que más me gusta de la caza es ir con los perros y  acompañar a los compañeros a echar los jabalís”, resalta Daniel. Es el más joven de la cuadrilla, “a veces viene mi hermano, Jorge, pero no le gusta la caza tanto como a mi”, apunta, y nos explica su trabajo en el monte: “cortar los jabalís, buscar donde están, marcas la entrada y das la vuelta alrededor para que no se salgan con el perro, y cuando ya sabes donde está llamas a los puestos y van a echarlo”. En su colegio es el único cazador y le preguntan “cuántos llevamos o cómo se caza” normalizando su hobby.

Hoy en día, dar caza al jabalí sin la ayuda de un perro parece algo realmente dificultoso y para muchos cazadores impensable. “Voy de montero y voy con el arma, depende del día y del momento pero lo que más me gusta es ir con los perros”. Los cánidos han acompañado al hombre desde sus albores ofreciendo su compañía pero sobretodo su trabajo para abatir animales, formando un binomio perfecto en el que el can suple las carencias del amo en la actividad venatoria: “los crías desde cachorros y los vas enseñando, intentando que lleguen a ser el mejor perro de caza posible. Pero, no solo los enseñas tú sino que los perros te enseñan a ti. Trabajamos en equipo”, resalta Guti.