El paraíso de la equitación en Asturias

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Aunque también posee 14 gramófonos y 18 carruajes además de complementos de época, Manuel Antonio López García tiene en su casa de Valvoniel, concejo de Castrillón, cerca de 70 monturas de caballo de todas las épocas y lugares de procedencia, sobretodo México. El gusto por el coleccionismo llegó a él de casualidad, sin pretensiones, y ahora posee unas piezas de incalculable valor que él mismo se ha encargado de recopilar, restaurar y mimar con el mayor de los esmeros. Puede decirse que lo vive con pasión, para él cada pieza tiene su diferenciación especial, y en la consecución de cada una de ellas hay una historia y muchas anécdotas. Persistente e incansable, hace kilómetros para localizar aquellas piezas más originales, y aunque alguna le cuesta trabajo conseguirla, sobretodo si se trata de un recuerdo familiar, por lo general logra sus objetivos. Y es que una colección así conlleva dedicación y sobretodo mucho cariño.

Manuel Antonio todavía conserva alguna pieza de cuando realizaba trabajos artesanales con raíces y madera. Era una afición que le llevó a realizar exposiciones con Caja Rural de Asturias en los lagos de Covadonga el día de Santiago o la primera vez que se celebró el Día de Asturias en Cangas de Onís. “No me gustaba vender mis trabajos porque cuando hago una pieza le cojo cariño”, comenta.

En casa de Manuel Antonio había ganadería, pero cuando comenzó a trabajar con 21 años en Asturiana de Zinc vendió las vacas. Los comienzos de su historia se remontan al año 84, cuando acudió a Gijón a la feria de San Miguel y se enamoró de una potra ‘pía’ (blanca y negra). Aunque su intención fue comprarla, su esposa no veía esa necesidad. “Me gustaba el color y la quería para pastear la finca. Apenas 15 días después localicé al propietario y la compré”. Cuando la yegua tenía ya año y medio le gustó la idea de conseguir una xarré. “Acudí al herrero de Viescas, en la carretera de Avilés a Grao, para ver si sabía de alguna, ya que era quien las reparaba. Fui al Palacio de Illas y de ahí nos dirigieron a La Lloba (Piedras Blancas) donde el propietario de la xarré en cuestión solo venía de vacaciones en verano. Conseguí adquirirla y la restauré. Era mi primera xarré, de dos ruedas. Con ella me envistió un coche en una ocasión, a mí no me pasó nada pero la xarré se desguazó. La volví a reconstruir y en ese momento me empecé a aficionar a adquirir sillas de montar tras conseguir la primera”, relata Manuel Antonio.

dsc00851Su primera silla de montar la consiguió en San Miguel de Quiloño en el 86, aunque el propietario no se quería desprender de ella le propuso que si Antonio le hacía una mesa y unos tayuelos de madera se la cambiaba por ello. Dicho y hecho. “La silla estaba muy estropeada, pero tiene su historia, ya que estuvo requisada cuando la Guerra Civil en el cuartel de San Juan de la Arena, luego las sillas las vendían en Ranón”, comenta.

Según Manuel Antonio “Gijón era el mapa de las xarrés” y compró dos en Mareo. Eran piezas ya transformadas con rueda de goma. Y como a él le apasiona lo antiguo restauró una de ellas y la otra se la vendió a un amigo, dinero con el que compró su segunda montura, mexicana, en La Espina. A partir de ahí comenzó su afición por el coleccionismo y año tras año incrementa su mayor tesoro, sus monturas.

“Monturas, sin la que yo uso para montar que es nueva, tengo 64, y carruajes 18. También cuento con aparejos, cosas antiguas como gramófonos, que tengo 14 de época y funcionando. También me gusta el material de labranza, las esquilas… mi problema ahora mismo es la falta de espacio”, relata.

monturaHa realizado varias exposiciones: en El Asturcón en Oviedo, en El Corte Inglés, en el mercado de San Agustín y en Agropec para Caja Rural de Asturias o para el Ayuntamiento de Castrillón por San Isidro. “Las exposiciones para mí son una satisfacción porque al público les gustan y me felicitan. Me gusta atender las muestras personalmente, ya que se trata de piezas antiguas o de época que se pueden ver en escasas ocasiones”, explica.

La pieza más difícil de conseguir para Antonio fue un carruaje en Collera (Ribadesella). “No era capaz de localizar a los dueños, dejé mi tarjeta ya que el caserón estaba en venta. Después de innumerables visitas un día pasé y encontré las portillas abiertas. Se trataba de una herencia, pero casualmente el carruaje le había correspondido a otro hermano. Después de varios inconvenientes logré comprarlo”, explica Manuel Antonio. “Y la primera xarré de cuatro ruedas estuve una tarde entera para conseguirla, no me la querían vender, y finalmente el propietario me dijo que tenía que sacarle para comprar una vaca roxa, y me costó 250.000 pesetas hace 25 años, pero una pieza como esa no se consigue fácil”.

Actualmente el objetivo de Manuel Antonio es terminar de restaurar dos carruajes, pero se está retrasando por la falta de espacio. Y con respecto a las sillas de montar “tenía una entre ceja y ceja desde hace dos años, pero la conseguí en Onís hace un mes”.